El término «metales pesados» hace referencia a un conjunto de metales y metaloides de densidad entre 4 g/cm³ hasta 7 g/cm³como el plomo (Pb), cadmio (Cd), cobre (Cu), mercurio (Hg) y zinc (Zn). Estos elementos están presentes de forma natural en los suelos, aunque generalmente en bajas concentraciones. Su peligrosidad radica en que no pueden ser degradados ni por procesos químicos ni biológicos, y además poseen la capacidad de bioacumularse en los organismos vivos y biomagnificarse a lo largo de la cadena trófica. Esto significa que pueden alcanzar concentraciones más altas dentro de los organismos que las existentes en los alimentos o el entorno, y que dichas concentraciones aumentan progresivamente en los niveles superiores de la cadena alimentaria, generando una amplia variedad de efectos tóxicos (Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico).

En el caso de los suelos agrícolas, la presencia de metales pesados (MP) en concentraciones elevadas (superiores a las consideradas naturales) puede resultar tóxica para los organismos del suelo, incluidos los cultivos, lo que repercute negativamente en la calidad y el rendimiento agrícola.
Altos niveles de MP alteran diversos procesos naturales del suelo; por ejemplo, pueden modificar el pH y afectar la disponibilidad de nutrientes esenciales para las plantas, lo que puede obstaculizar su crecimiento e incluso provocar su muerte, disminuyendo así la producción y calidad de los cultivos. Además, la disponibilidad de estos metales pesados suele aumentar en suelos con pH bajo, por lo que los suelos ácidos tienden a presentar un mayor grado de afectación (Loyde de la Cruz. L et al., 2023).

Por ello, antes de iniciar los ensayos en las parcelas de la Ribera Baja, se decidió realizar análisis de metales pesados posteriores a la DANA, ya que se contaba con muestras de suelo tomadas previamente al desastre ambiental. Esto permitió evaluar el impacto de dicho evento sobre la concentración de estos elementos en el suelo.

La Tabla 1 muestra los principales metales pesados, su rango natural en el suelo y las fuentes habituales, aunque en este caso la fuente de metales es otro. En este caso, los materiales arrastrados por el agua (como sustancias químicas procedentes de las industrias ubicadas en los polígonos inundados, residuos metálicos y plásticos, así como vehículos con baterías), todos ellos caracterizados por su composición química de origen sintético, se movilizaron a través del agua ya sea disueltos o transportados físicamente. Esta dispersión contribuyó significativamente a agravar el impacto ecológico generado por la DANA.

Tabla : Principales metales pesados presentes en suelos agrícolas, intervalos naturales y fuentes antropogénicas (Loyde de la Cruz. L et al., 2023).

Elemento

Rango natural (mg·kg-1)

Fuentes antropogénicas

Arsénico (As)

5─10

Actividades mineras, cenizas de combustión, fertilizantes, pesticidas y herbicidas

Cadmio (Cd)

0.01─0.7

Actividades mineras, fertilizantes fosfatados y lodos residuales

Cromo (Cr)

5-3000

Actividades mineras, fertilizantes fosfatados, y lodos residuales

Cobre (Cu)

2-100

Actividades mineras, disposición de desechos y lodos residuales

Mercurio (Hg)

0.003─4.6 (µg·kg-1)

Actividades mineras, combustión de carbón y riego con aguas residuales

Níquel (Ni)

10─100

Combustión de carbón y riego con aguas residuales

Plomo (Pb)

2─200

Actividades mineras, deposición atmosférica, y fertilizantes

Zinc (Zn)

10─300

Actividades mineras, cenizas industriales, fertilizantes, y lodos residuales

 

La Tabla 2 muestra los valores de metales pesados encontrados en las fincas de caqui de la Ribera Baja, concretamente en el municipio de Sueca, antes y después de inundarse por la DANA.

Tabla : Metales totales en las fincas de caqui de Sueca antes y después de la DANA (elaboración propia).

ANTES

DESPUÉS

Cadmio (mg/kg)

0,16

<0,01

Cobalto (mg/kg)

0,79

Cromo (mg/kg)

43,67

22,7

Cobre (mg/kg)

21,33

21,1

Plomo (mg/kg)

45,67

26,7

Zinc (mg/kg)

55,00

63,1

Níquel (mg/kg)

22,00

15,8

Arsénico (mg/kg)

9,00

Molibdeno (mg/kg)

<0,01

<1,0

 

Tal como se muestra en la Tabla 2, la concentración de metales pesados en el suelo no solo no aumentó tras la inundación, sino que en la mayoría de los casos se observó una disminución. Esta reducción podría explicarse por el hecho de que la parcela no estuvo expuesta directamente a vertidos químicos, sino que fue principalmente afectada por el desbordamiento del río Xúquer como consecuencia de la DANA. Este fenómeno habría depositado una capa de sedimentos sobre el suelo original, lo que podría haber provocado una dilución de los metales pesados presentes o su lixiviación hacia horizontes más profundos del perfil edáfico. Asimismo, el arrastre de suelo superficial causado por la corriente de agua podría haber eliminado parte de la capa superior del suelo, donde habitualmente se concentra la mayor proporción de estos elementos.

Este hecho también se ve respaldado por los resultados de un estudio realizado por el Instituto de Conservación y Mejora de la Agrobiodiversidad Valenciana, en el que se analizaron suelos agrícolas de diversas zonas afectadas, como Sedaví, Massanassa, Forn d’Alcedo y Castellar L’Oliveral. En dicho estudio, las concentraciones de metales pesados detectadas en las muestras se encontraron dentro de los rangos considerados normales, sin superar los niveles de referencia establecidos.

En conclusión, según el Instituto de Conservación y Mejora de la Agrobiodiversidad Valenciana: “La alerta sobre las posibles contaminaciones de los alimentos estuvo sobrevalorada, sufriendo una vez más las personas agricultoras las repercusiones, sobre una situación ya sobrevenida de angustia y sobrecarga. Eso no significa que la situación esté controlada, sino que en este primer sondeo y en la zona concreta analizada, se han obtenido valores relativamente de tolerancia. Pero los suelos están castigados y en un futuro próximo Hay que seguir estudiando los suelos y los cultivos en las zonas afectadas por la DANA y sobre todo hay que incidir en sistemas que puedan remediar biológicamente los posibles suelos y actuar con prácticas agrícolas respetuosas, como las de la agricultura ecológica” (Raigón. M, 2024 ).