De los cuatro ensayos del Grupo Operativo ACCESO, el del caqui en Valencia, instalado con La Unió, es el que peor empezó. La finca, gestionada por un agricultor de la zona, tenía previsto arrancar el ensayo en el otoño de 2024. Pero el 29 de octubre de 2024, la DANA que asoló buena parte del territorio valenciano arrasó la cosecha de caqui de ese año antes de que el ensayo hubiera siquiera comenzado. El registro de campo de ese mes es escueto y elocuente: «aún no ha empezado el ensayo» en septiembre, y «la DANA arrasó la cosecha» en octubre. No es un dato menor: cualquier lectura posterior de los resultados de este ensayo debe tener en cuenta que la primera campaña arrancó ya condicionada por un evento climático extremo ajeno al diseño experimental.

Ilustración 1: Parcela tras el paso de la DANA.
Por qué este cultivo, y qué problema aborda
El caqui Persimon es un cultivo leñoso de implantación relativamente reciente en el Levante, que ha permitido diversificar zonas tradicionalmente citrícolas y abrir un nicho de mercado propio. Es, en general, un cultivo rústico, pero arrastra un problema sanitario recurrente: la mancha foliar causada por el hongo Mycosphaerella nawae. El manejo convencional para controlarla pasa por desinfectar la planta y eliminar los restos vegetales del suelo, lo que en la práctica implica un uso frecuente de fungicidas y herbicidas, y dejar el suelo desnudo buena parte del año. El ensayo parte de la hipótesis contraria: que un agroecosistema menos simplificado, con más interacciones ecológicas, genera un suelo con mayor capacidad supresiva frente al hongo, reduciendo la necesidad de «esterilizarlo» con agroquímicos.

Ilustración 2: Parcela del caqui.
Una fenología distinta obliga a un calendario distinto
A diferencia de los cultivos herbáceos del proyecto (tomate, maíz), el caqui es un árbol de hoja caduca con un ciclo anual muy marcado: reposo invernal, poda en enero, y una ventana de trabajo de suelo en primavera que depende de que las condiciones climáticas lo permitan. Esto tuvo una consecuencia directa sobre la instalación real del ensayo: aunque el objetivo agronómico apuntaba a tener la cubierta establecida cuanto antes, la retirada de la cubierta espontánea anterior no se hizo de forma independiente, sino que ocurre automáticamente al triturar e incorporar los restos de poda al suelo, una labor que solo puede hacerse cuando el suelo está seco. Y en la campaña 2024-2025 marzo fue un mes especialmente lluvioso, lo que retrasó todo el calendario: la siembra de la cubierta y de las bandas florales, que se pretendía hacer cuanto antes en primavera, no pudo realizarse hasta la primera semana de abril de 2025.
El ensayo se instaló sobre dos parcelas: una de 5.000 m² para T0, y otra colindante de 6.000 m² que se dividió entre T1 y T1+. Ambas con riego a manta y cubierta vegetal espontánea previa. En T0 la retirada de esa cubierta, ligada como se ha dicho a la incorporación de la poda, se hizo siguiendo el manejo habitual del agricultor.
T1: elegir una cubierta permanente entre varias alternativas
Para T1, antes de decidir qué sembrar se valoraron varias opciones: forrajeras, cultivos invernales (acelga, lechuga, espinaca, habas) o mezclas específicas, ya fueran clásicas (avena, mostaza, veza) o formuladas con efecto fungicida. La elección final tenía que cumplir dos tipos de requisitos a la vez: los del agricultor (altura de la cubierta, accesibilidad para las labores del cultivo, manejo, coste) y los edafoclimáticos (adaptación al tipo de suelo y a la ventana de crecimiento disponible).
Finalmente se optó por una mezcla de Semillas Cantueso, pensada para tapizar rápido: Brachypodium distachyum, Festuca arundinacea/F. pratensis, Festuca ovina, Festuca rubra rubra, Lolium perenne, Poa pratensis y varias leguminosas fijadoras de nitrógeno (Medicago truncatula/M. polymorpha/M. scutellata y Trifolium pratense/T. repens/T. resupinatum). La siembra se hizo, como se ha comentado, la primera semana de abril de 2025, a una dosis de 5 g/m², usando un pequeño sembrador automático enganchado al tractor.
La lógica de esta cubierta no es solo mejorar la fertilidad del suelo: al ser permanente y suficientemente densa, puede actuar como barrera física frente a la dispersión de las esporas de Mycosphaerella, que sobreviven en las hojas secas de caqui caídas en el suelo durante la temporada anterior y se dispersan por el viento para reinfectar el árbol en la campaña siguiente. Si la cubierta se establece antes del periodo de dispersión del hongo, la hipótesis es que buena parte de esas esporas queden retenidas o inhibidas.

Ilustración 3: Cubierta vegetal emergiendo.
T1+: un añadido que no estaba en el plan inicial
La tesis T1+ mantiene la misma cubierta que T1, pero incorpora dos elementos adicionales que, de hecho, no formaban parte del diseño original del proyecto. Surgieron sobre la marcha porque los agricultores de la zona estaban teniendo problemas de cochinilla lanuda (cotonet, Planococcus citri), lo que llevó a incluir bordes funcionales con especies vegetales hospedadoras de sus enemigos naturales: Chrysoperla carnea, distintas especies de Orius y Scymnus, sírfidos locales como Episyrphus balteatus, y parasitoides como Anagyrus pseudococci o Coccidophilus citricola.
La mezcla elegida para estos bordes combina Dittrichia viscosa, Dorycnium hirsutum, Salvia rosmarinus, Thymus vulgaris y Anthyllis cytisoides, sembrada a 7 g/m², también en la primera semana de abril de 2025, pero a mano —a diferencia de la cubierta central, sembrada con máquina— y cubriendo todo el perímetro de la parcela de 6.000 m² compartida entre T1 y T1+: aproximadamente 1.200 metros lineales de siembra manual.
El segundo añadido de T1+ es la inoculación de microorganismos con Kiplant Endofit, un producto compuesto por micorrizas (0,01%), bacterias de la rizosfera (1×10⁸ UFC/ml) y Bacillus velezensis cepa BS36 (1×10⁸ UFC/ml), que se aplica entre 4 y 6 veces a lo largo del ciclo del cultivo. Su función es inducir resistencia sistémica en la planta, generar competencia microbiana que dificulte la proliferación de patógenos como Mycosphaerella, y estimular la síntesis de compuestos bioactivos con actividad antifúngica.

Ilustración 4: Bordes florales.
Sensórica y calendario del resto de la campaña
La parcela cuenta además con un datalogger TBA-NBIOT conectado a una sonda de suelo Enviropro de 80 cm, capaz de medir salinidad, humedad y temperatura, junto con un sensor de humedad de hoja. Tras la instalación de abril, el calendario siguió su curso habitual: tratamientos de fertilización y un fungicida en mayo, coincidiendo con el cuajado del fruto, riegos y tratamientos fitosanitarios en junio y julio, mayor necesidad hídrica en agosto, y recolección en octubre de 2025, respetando siempre un mínimo de 15 días entre el último riego y la cosecha.
Con la cosecha de octubre de 2025 se cierra la primera campaña completa del ensayo, la primera que arrancó realmente sin el condicionante de la DANA. A partir de ahí, el ciclo de poda, incorporación de restos y renovación de cubierta y bandas se ha repetido para la segunda campaña, ya con el sistema plenamente instalado y sin el desfase inicial que marcó el arranque.

Ilustración 5: Sensor instalado en la parcela.