La agricultura enfrenta retos cada vez mayores debido al cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la necesidad de garantizar alimentos para una población mundial en crecimiento.

En este contexto, los ecorregímenes, introducidos en la Política Agrícola Común (PAC) 2023-2027, se posicionan como una solución innovadora para impulsar prácticas agrícolas más sostenibles. Pero, ¿qué son exactamente los ecorregímenes, cómo funcionan y por qué son tan importantes?

¿Qué son los ecorregímenes?

Los ecorregímenes, también conocidos como ecoesquemas, son ayudas directas incluidas en la Política Agrícola Común (PAC) 2023-2027. Estas medidas buscan incentivar prácticas agrícolas y ganaderas sostenibles, fomentando la protección del medio ambiente, la adaptación al cambio climático y la mejora de la calidad del suelo y el agua.

A diferencia de las ayudas tradicionales, los ecorregímenes son voluntarios y están diseñados para recompensar a los agricultores que van más allá de los requisitos legales básicos en su esfuerzo por implementar prácticas respetuosas con el entorno.

Objetivos principales

El propósito de los ecorregímenes es doble: por un lado, mejorar la sostenibilidad de las explotaciones agrícolas, y por otro, contribuir a los compromisos ambientales internacionales, como el Pacto Verde Europeo. Veamos de manera más desglosada los objetivos de estas ayudas:

  1. Mitigación del cambio climático: las prácticas fomentadas por los ecorregímenes, como el uso de cultivos de cobertura o la reducción del laboreo, ayudan a capturar carbono en el suelo, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y hacer frente a los efectos del cambio climático.
  2. Protección de la biodiversidad: actividades como la plantación de setos, el mantenimiento de pastos permanentes o la creación de hábitats específicos favorecen la fauna y flora locales, contribuyendo a la conservación de especies en peligro.
  3. Mejora de los recursos naturales: estas prácticas también buscan garantizar la calidad del suelo y el agua, limitando la erosión, aumentando la capacidad de retención de agua en los suelos y reduciendo la contaminación por fertilizantes y plaguicidas.

Los ecorregímenes no solo tienen un impacto positivo en el medio ambiente, sino que también fortalecen la resiliencia de las explotaciones agrícolas, preparándolas para los desafíos futuros.

Tipos de ecorregímenes y prácticas asociadas

Los ecorregímenes de la PAC 2023-2027 se agrupan en diferentes categorías que permiten a los agricultores y ganaderos elegir las prácticas más adecuadas para sus explotaciones. A continuación, vemos los principales tipos, explicando sus objetivos y las prácticas asociadas.

1. Agricultura de conservación y mejora de los suelos: la agricultura de conservación se centra en mantener la salud del suelo y minimizar la erosión, promoviendo técnicas que preserven su fertilidad y capacidad para almacenar carbono.

Prácticas asociadas:

  • Laboreo mínimo o siembra directa: Estas técnicas limitan la alteración del suelo, conservando su estructura natural y reduciendo la pérdida de nutrientes.
  • Cobertura vegetal permanente: Se fomenta mantener el suelo cubierto con vegetación viva o restos de cultivos, lo que protege contra la erosión y mejora la infiltración de agua.
  • Rotación de cultivos: Alternar diferentes tipos de cultivos en una misma parcela ayuda a prevenir el agotamiento de nutrientes y reduce la incidencia de plagas y enfermedades.

Estas prácticas contribuyen al secuestro de carbono, mejoran la retención de agua y fortalecen la resiliencia del suelo frente a fenómenos climáticos extremos.

2. Gestión sostenible de pastos permanentes: los pastos permanentes son esenciales para la biodiversidad y el almacenamiento de carbono en suelos. Este tipo de ecorregímen promueve el uso sostenible de estas superficies, especialmente en explotaciones ganaderas.

Prácticas asociadas:

  • Mantenimiento de pastos sin sobrepastoreo: establecer cargas ganaderas adecuadas para evitar la degradación del terreno.
  • Conservación de elementos arbustivos y arbolados: fomentar la presencia de árboles y arbustos en pastizales, que actúan como refugio para la fauna y contribuyen al secuestro de carbono.
  • Corte diferido de pastos: segar los pastos en momentos estratégicos para favorecer la regeneración natural y proteger la fauna silvestre.

Además de mejorar la capacidad de almacenamiento de carbono, estas prácticas reducen la erosión, fomentan la biodiversidad y protegen los ecosistemas naturales.

3. Conservación de elementos paisajísticos y biodiversidad: este tipo de ecorregímen tiene como objetivo enriquecer el paisaje agrícola con elementos que fomenten la biodiversidad y protejan la fauna autóctona.

Prácticas asociadas:

  • Plantación y mantenimiento de setos vivos: los setos actúan como corredores ecológicos que conectan hábitats y ofrecen refugio a insectos polinizadores, aves y pequeños mamíferos.
  • Creación de márgenes floridos: cultivar franjas de flores en los bordes de las parcelas mejora la presencia de polinizadores y controla de manera natural las plagas.
  • Conservación de humedales y charcas: estos elementos proporcionan hábitats clave para anfibios y aves, contribuyendo a la riqueza del ecosistema agrícola.

Estas prácticas no solo protegen la biodiversidad, sino que también aumentan la resiliencia de los cultivos al favorecer los servicios ecosistémicos, como la polinización y el control natural de plagas.

4. Agricultura ecológica y reducción del uso de insumos: este enfoque prioriza prácticas que disminuyen el impacto ambiental de la agricultura convencional, especialmente en el uso de fertilizantes y productos fitosanitarios.

Prácticas asociadas:

  • Uso de productos orgánicos en lugar de químicos: reducir la aplicación de fertilizantes y plaguicidas sintéticos protege los recursos hídricos y la salud del suelo.
  • Control biológico de plagas: introducir depredadores naturales o técnicas como trampas para mantener a raya las poblaciones de insectos perjudiciales.
  • Manejo eficiente del agua: implantar tecnologías de riego por goteo y técnicas de captación de agua de lluvia para reducir el consumo hídrico.

Estas prácticas contribuyen a un menor impacto ambiental, garantizan productos agrícolas más saludables y preservan los recursos naturales a largo plazo.

Los diferentes tipos de ecorregímenes permiten a los agricultores y ganaderos adaptar las prácticas sostenibles según las características de su explotación y sus objetivos específicos. Cada práctica no solo genera beneficios ambientales, sino que también contribuye a aumentar la resiliencia y rentabilidad de las explotaciones a largo plazo. ¡Optar por estas ayudas es dar un paso hacia una agricultura más equilibrada y sostenible!