Dentro de las asignaciones directas que se enmarcan en los planes estratégicos de la Política Agraria Común (PAC), se han diseñado diversas intervenciones que consisten en pagos disociados específicamente orientados a la protección del clima y del entorno natural. Estas intervenciones, conocidas como ecorregímenes, buscan promover prácticas sostenibles y respetuosas con el medio ambiente.
Dichos incentivos se vinculan a actividades que incluyen la agricultura de carbono y técnicas agroecológicas avanzadas. Estas medidas aspiran a mejorar la calidad y estructura de los suelos, incrementar sus reservas de carbono, reducir la erosión y frenar la desertificación. Asimismo, contribuyen a minimizar las emisiones de gases de efecto invernadero y aumentan la diversidad biológica en los ecosistemas agrícolas, promoviendo la preservación de paisajes y recursos naturales.
Estas prácticas son de carácter voluntario. En este sentido, buscan ir más allá de los mínimos obligatorios establecidos por la normativa de condicionalidad, ofreciendo un compromiso adicional y proactivo con la sostenibilidad.
Estos son los 9 ecorregímenes establecidos por la PAC:
- Agricultura de carbono y agroecología: Pastoreo extensivo, siega y biodiversidad en las superficies de pastos húmedos.
- Agricultura de carbono y agroecología: Pastoreo extensivo, siega y biodiversidad en las superficies de pastos mediterráneos.
- Agricultura de carbono y agroecología: Rotaciones y siembra directa en tierras de cultivo de secano.
- Agricultura de carbono y agroecología: Rotaciones y siembra directa en tierras de cultivo de secano húmedo.
- Agricultura de carbono y agroecología: Rotaciones y siembra directa en tierras de cultivo de regadío.
- Agricultura de carbono: Cubiertas vegetales y cubiertas inertes en cultivos leñosos en terrenos llanos.
- Agricultura de carbono: Cubiertas vegetales y cubiertas inertes en cultivo leñoso en terreno de pendiente media.
- Agricultura de carbono: Cubiertas vegetales y cubiertas inertes en cultivos leñosos en terrenos de elevada pendiente.
- Agroecología: Espacios de biodiversidad en tierras de cultivo y cultivos permanentes.
Prácticas: (especial-mapa-vida-rural_tcm30-636385.pdf) (Ecorregímenes | Portal Web del FEGA)
El pastoreo extensivo, ajustado a una densidad de ganado adecuada en función del tipo de vegetación disponible, favorece la incorporación de materia orgánica al suelo. Esta práctica no solo mejora la estructura y composición del terreno, sino que también potencia la capacidad de los pastos para capturar carbono, mitigando la huella de carbono asociada a las actividades agrícolas y ganaderas.
En el marco del ecorrégimen de Agricultura de Carbono y Agroecología. Esta práctica tiene el propósito de frenar y revertir la pérdida de biodiversidad, promover los servicios ecosistémicos y preservar tanto los hábitats naturales como los paisajes.
Esta práctica se divide en dos sub-prácticas: el establecimiento de islas de biodiversidad y la siega sostenible. Estas no solo previenen el abandono de los pastos, sino que también protegen hábitats y especies en peligro de desaparición. En particular, muchas especies de insectos, como ciertos lepidópteros, utilizan algunas especies que se encuentran en los pastos como sustrato para su reproducción y nutrición. Para asegurar que estas especies puedan completar sus ciclos biológicos, es esencial adaptar la fenología de la siega, manteniendo así niveles considerablemente importantes de biodiversidad en invertebrados.
Esta práctica implica realizar un esquema de rotación de cultivos en las tierras de la explotación que participe en esta iniciativa, asegurando la inclusión de especies con capacidad para mejorar las propiedades del suelo. Enmarcada dentro del enfoque ambiental de la «Agroecología», su propósito principal es la protección del medio ambiente, priorizando la gestión sostenible y la preservación de la calidad del suelo, además de asegurar la conservación de los recursos hídricos.
Consiste en evitar la realización de cualquier tipo de laboreo o arado sobre el suelo y sembrar directamente sobre los restos de cultivos anteriores, conservando dichos rastrojos en la superficie para garantizar que el terreno permanezca cubierto durante todo el año.
Esta práctica se enmarca en el ámbito medioambiental conocido como agricultura de carbono, cuyo objetivo principal es mejorar la estructura de los suelos mediante el aumento de su contenido de carbono. Esto contribuye a mitigar procesos como la erosión y la desertificación, además de disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero.
Ecorregímen en consonancia con los objetivos establecidos en la Estrategia Europea de Biodiversidad 2030. El objetivo de esta práctica es contribuir a frenar y revertir la pérdida de biodiversidad, fortalecer los servicios ecosistémicos y preservar tanto los hábitats como los paisajes, con la finalidad de promover la biodiversidad asociada a los espacios agrícolas, proteger los paisajes y garantizar la conservación de los recursos naturales.
Espacios de biodiversidad en cultivos bajo agua: en caso de que el agricultor disponga de tierras de cultivo subvencionables dedicadas a cultivos bajo agua durante una parte significativa del año o del ciclo productivo, las prácticas a implementar en estas superficies podrán ser:
A) Destinar al menos un 3% de la superficie a la creación de espacios para biodiversidad.
B) Gestionar de forma sostenible la lámina de agua en las zonas inundadas, con el propósito de favorecer la presencia de aves migratorias, reducir las emisiones asociadas y optimizar el consumo hídrico.
Esta práctica se basa en mantener una cobertura vegetal sobre el suelo, ya sea mediante el establecimiento de cubiertas vegetales espontáneas o implantadas. Su objetivo principal es incrementar la capacidad del suelo como sumidero de carbono, reduciendo así su susceptibilidad frente a los efectos del cambio climático.
Además, la formación de una capa de restos orgánicos sobre la superficie del terreno contribuye a optimizar el uso de insumos al disminuir la necesidad de fertilizantes, gracias a la acumulación de materia orgánica, y la mayor disponibilidad de agua en el suelo. De manera complementaria, al reducir las labores y optimizar los insumos, se logra una significativa disminución en las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI). Esta estrategia se inscribe en el marco medioambiental de la denominada «agricultura de carbono».
La implementación de cubiertas inertes, en forma de un “mulching” permanente elaborado a partir de restos de poda de cultivos leñosos, constituye una estrategia esencial para mitigar problemas como la erosión y la desertificación en áreas agrícolas. Esta práctica establece una capa protectora inerte sobre el suelo, que actúa como barrera frente a estos procesos adversos. Además, contribuye al incremento de la materia orgánica del terreno, favoreciendo así una mejora significativa en su calidad y fertilidad. Esta iniciativa se integra en el marco medioambiental conocido como «agricultura de carbono», dado su enfoque en la sostenibilidad y la preservación de los recursos naturales.
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